Elena Stagkouraki: El Último de los Heroes*

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De la guerrilla urbana al cargo de Primer Ciudadano del Uruguay– un rebelde comprometido o algo así como un conformista cuasi revolucionario?

por ELENA STAGKOURAKI

En un encuentro que mantuvo con el Presidente de EE.UU., Obama, no duda en aconsejarle que su pueblo debería fumar menos y aprender alguna lengua extranjera. En un discurso en las Naciones Unidas, insta a los delegados a que dejen de asistir a asambleas generales carísimas y sin sentido, que además no benefician en nada. Algunos lo caracterizan como el Nelson Mandela de América Latina, al recordar los años que pasó en la cárcel, otros – políticos en su mayoría – lo acusan por la agudeza de sus palabras y la corrosión de la lengua española, llegando al punto de atribuirle responsabilidad por el golpe de estado militar del ’73. ¿Qué es válido acerca del saliente Presidente del Uruguay José Mujica, al que llaman “Pepe”? ¿Ángel o demonio? Él mismo responde: “Si no hubiera vivido lo que viví, quizás no sería el que soy. Soy hijo de mi historia”.

José Alberto Mujica Cordano nació en 1935 en el suburbio de Montevideo Paso de la Arena. Con antepasados vascos, inmigrantes en Uruguay y madre de ascendencia italiana, quedó huérfano de padre a los ocho años de edad. Desde entonces contribuía como niño en los gastos del hogar repartiendo pan y vendiendo lirios que encontraba en el patio del fondo de su casa. En esa época el Uruguay vivía un crecimiento sin precedentes, abasteciendo de lana y carne vacuna a la Europa atormentada por las guerras. Ya en 1930, este pequeño país, el cual nunca superó los 3,5 millones de habitantes, había sido catalogado como uno de los doce más ricos del mundo, según el ingreso per cápita, por lo cual algunos lo llamaron “la Suiza de América”.

De joven, Mujica trabajó para el famoso político de izquierda entonces diputado nacionalista, Enrique Erro, sin embargo, hito en su vida y su trayectoria constituyó su encuentro con Ché Guevara en la Cuba posrevolucionaria. En Europa y en Grecia, el Che ha llegado a ser casi como un héroe, como un ideal, como un símbolo estampado en banderas y camisetas. Sin embargo, no estamos en condiciones de imaginar siquiera el carisma de esta personalidad, asunto sobre el cual coinciden sus camaradas y opositores, ni por supuesto, el resultado de haberlo conocido, sobre lo cual escriben todos los que lo conocieron, políticos, poetas, escritores y personas en general. Mujica describe su encuentro con el gran revolucionario: “Fue irrepetible, pionero y marcó nuestros años de juventud”.

Alrededor de 1970, el Uruguay ya era otro: inflación, pobreza, estancamiento. En 1962-63 habían precedido manifestaciones fascistas, así como la situación del asilo de la Universidad y su ocupación, similar a la de nuestra Universidad Politécnica en 1973. Con el ideal puesto en el Che Guevara y en Cuba, y dada la fisionomía urbana de Montevideo, Mujica, junto con un grupo de su misma ideología, se volcó a la guerrilla ciudadana, dentro de la organización “Tupamaros”, cuya denominación proviene del nombre del revolucionario peruano del siglo XVIII, Túpac Amaru II. Los tupamaros evitaban el dogmatismo y actuaban según el método de ensayo y error. Se caracterizaban por evitar la violencia, por tener una visión objetiva de la justicia y por el simbolismo-teatralidad de sus acciones. De este modo, ingresarían en el domicilio de un juez infame, sólo para quitarle las armas y una máquina de escribir que más tarde devolverían (junto con una amenaza) ya que la usaba el hijo del juez para sus estudios. Ingresarían en un banco de inversión, propiedad de un ministro del gobierno, para arrebatar no sólo una abultada suma, sino también las listas de las que se rumoreaba que contenían transacciones ilegales, las cuales dejarían en la puerta de la fiscalía para que los culpables pudieran ser juzgados y encarcelados. O incluso, efectuarían una redada en el casino de San Rafael y devolverían las propinas a los trabajadores. Por todo eso, el periódico The New York Times los calificó como “guerrilleros de Robin Hood”. Respecto a su participación en el grupo de los tupamaros, Mujica comentará que fue una reacción frente al hecho de que la mitad del Uruguay pertenecía a mil doscientas familias, las cuales eran consideradas más patriotas, exactamente por eso, por ser propietarias de la mitad de la patria. “Nosotros no queríamos ser filósofos charlatanes de boliche”. Pero el que tiene armas, tarde o temprano las usa. En marzo de 1970, un policía reconoció a Mujica, por lo que ambos empuñaron sus armas. Como resultado, dos policías fueron heridos por los disparos de Mujica que fue a parar a la cárcel herido, ya que recibió seis disparos. Como dirá él mismo décadas después, “a la primavera le siguió el crudo invierno”, tanto en lo personal como en lo colectivo. Fue a la cárcel (de la que logró escapar dos veces) por más de una década y conoció el aislamiento en celdas sin retrete que llevaban a la mayoría hasta la locura. Pero la vida pacífica de Montevideo también fue perturbada por los tupamaros, que cometían secuestros, ataques con bombas y ejecuciones que cambiaron la opinión pública sobre ellos. Los disturbios reinaban y entonces se le encargó al ejército el desmantelamiento y exterminio de los tupamaros, hecho que se cumplió con éxito en menos de un año. Entre los últimos que arrestaron, en agosto de 1972, estaba Mujica, a quien encontraron durmiendo con una ametralladora y una granada de mano. Al año siguiente, en 1973, fue el golpe de estado bajo el gobierno de Juan María Bordaberry. Muchos consideraron responsables a los tupamaros.

Cuando salió de la cárcel con la pelela bajo el brazo y orgulloso por su acervo, Mujica ya no era el mismo. No era que hubiera claudicado o renunciado. Sino que más bien en la cárcel se hizo adulto. Eso es a lo que se refirió cuando habló sobre las revoluciones y los levantamientos: “Me gusta esta energía de juventud y la espontaneidad, pero creo no va dirigir a nada si no madura.” Y esto lo dice la misma persona que hizo estallar fábricas de propietarios extranjeros y que mucho más tarde, como Presidente del Uruguay, los beneficiaría reduciendo impuestos. “Necesariamente tiene que funcionar el capitalismo y necesariamente tienen que aumentar los impuestos para poder afrontar los serios problemas que tenemos. El intento de superar todo eso de una sola vez tendría como resultado que sufran las mismas personas por las que se lucha”. Algunos viejos compañeros lo critican: “Algunos dejaron sus ideales en sus celdas”, dirá Jorge Sabalsa. ¿La respuesta de Mujica? “Algunos de los viejos compañeros no entienden, no ven que cada día luchamos contra los problemas de la gente y no entienden que la vida no es una utopía.”

Prefiriendo la participación activa a la marginación, hecho que les permitió contribuir enérgicamente en el desarrollo político, los tupamaros formaron parte del Parlamento y del “Frente Amplio” en 1989. A pesar de eso, para algunos, como el analista político Adolfo Garcé, parecen estar preparados para recordar de un momento a otro el pasado y actuar de manera oculta. En las elecciones de 1994, los tupamaros consiguieron dos escaños en la Cámara de Diputados, uno de los cuales lo obtuvo Mujica.

A partir de ahí, Mujica continuará su trayectoria estable y ascendente en la política, hasta las elecciones del 2009, en las que fue electo Presidente de la República, cargo que asumió y ejerció hasta el año 2014. Incluso la ceremonia de su juramento estará a cargo de la Presidenta del Poder Legislativo, esposa y compañera en las ideas, Lucía Topolanski. Topolanski, proveniente de una familia acomodada, fue también miembro de los tupamaros, desarrollando con una actividad intensa. De niña la llamaban “la Flaca”, sin embargo los tupamaros cambiaron su apodo por el de “la Tronca”, porque era fuerte y dura. Se casó con Mujica recién en 2005, después de veinte años de convivencia y trece años que pasaron presos en cárceles diferentes. La Constitución del Uruguay no permite la reelección sucesiva del Presidente de la República, el cual es votado directamente por el pueblo, y así a Mujica lo sucedió Tabaré Vázquez.

En cuanto a su carácter político, Mujica, aclara: “La gente no me votó porque fui tupamaro, pero tampoco oculté mi pasado”. Y en otra oportunidad dijo: “quizás me votaron porque les digo la verdad sin vueltas, aún cuando no les guste”. Un trago amargo similar habrá sentido el día en que fue electo Presidente, al votarse también el rechazo a la anulación de la amnistía a las personas que ejercieron un rol activo durante la dictadura.

El ex Presidente se auto caracteriza como liberal, considerando como máximo desafío y logro, su mezcla de idealismo y pragmatismo. De este modo, el Mujica pragmático considera inútil la lucha contra la globalización e incluso recurre a la siguiente comparación: “Es algo parecido a cuando me miro al espejo y me veo las arrugas: no me gustan, sin embargo son inevitables.” Por otra parte, como explica, el problema de la globalización no es un fenómeno en sí mismo, sino la falta de voluntad política. “La globalización es un error porque es gobernada por el mercado y no por la política. A los gobiernos sólo les importan las elecciones nacionales, de ahí que nadie se ocupe seriamente de los numerosos problemas del mundo. Esto no significa, claro, que sea inevitable que alguien viva en sistemas capitalistas. Si así fuera, no habría confianza en el hombre, que si bien puede tener muchos defectos, tiene también unas posibilidades impresionantes”.

Según Mujica, de lo que nos debemos ocupar principalmente es del aquí y ahora, del tema de la pobreza y mejorar la vida diaria, mientras que por el contrario, la utopía del idealismo de hecho se orienta hacia el futuro. En cuanto a su propia vida, refuta, la calificación de “el Presidente más pobre del mundo” diciendo, en concordancia con Séneca, que pobre no es el que tiene poco, sino el que quiere cada vez más viviendo consumido por el deseo y sin disfrutar la vida. “Cuanto más se rodea alguien de bienes materiales, más tiempo necesita para administrarlos. Por eso nosotros [él y su esposa] vivimos hoy como hace cuarenta años, en el mismo barrio, con las mismas personas y las mismas cosas. Uno no deja de ser una simple persona por el hecho de haber sido electo Presidente.”

De todos modos, estas palabras en el caso del “Pepe” no fueron dichas en el aire aunque generalmente los políticos no logran superar con éxito el obstáculo que los separa de lo deseable y del compromiso asumido. Durante su presidencia, Mujica rechazó todos los honores que se le ofrecieron en razón de su cargo, desde el palacio presidencial hasta el uso de auto oficial con chofer. En vez de eso, permaneció en su simple casa de tres ambientes en una chacra fuera de Montevideo, donde cultiva flores, que luego vende para ganarse la vida. En vez de un lujoso Mercedes Benz con vidrios oscuros maneja su escarabajo azul del ’70 que él mismo, dentro de lo posible, va reparando. Tampoco le teme al tractor, y las fotos suyas sobre este vehículo dan la vuelta al mundo. Más debería uno temerle a lo que él califica como “pobreza espiritual”: “Nuestra vida se ha vuelto más simple, pero esto trae aparejado la falta de creatividad”.

Además, como Presidente, Mujica hizo lo que habría sido suficiente que hubieran hecho los políticos griegos para convencer a su pueblo sobre la necesidad de asumir los sacrificios que impone la crisis actual. Por iniciativa propia, cedió el 90% de su sueldo al sustento de familias monoparentales como consecuencia del abandono del hogar por el cónyuge. “Las mujeres que con mayor frecuencia son víctimas de la discriminación, son las que viven en condiciones de pobreza. La violencia de género se observa principalmente en las clases sociales más bajas. Las niñas pobres, no son bien tratadas por nuestra sociedad”, reconoce Mujica.

Para el ex presidente, el conflicto de las clases sociales es un hecho. “Sí, se trata sin duda de una guerra. Es absurdo que una mujer se refiera a su empleada doméstica como ‘compañera’, desde el momento en que la primera es la jefa y la otra una sirvienta.” De ahí que uno de los objetivos centrales de la presidencia de Mujica fuera la eliminación de las diferencias sociales y el logro de la igualdad. No de la mal interpretada, por la cual todos son iguales, sino la igualdad de oportunidades que es muy importante y dista mucho de existir en su país, aunque también existe en las sociedades de la mayoría de los países, añadiríamos nosotros.

Las reformas progresistas durante su gobierno hicieron popular a Mujica en todo el mundo, aunque él no se sienta tan entusiasmado por el progreso logrado. “Es posible que estas reformas obedezcan al sentido de justicia y respeto de los derechos humanos, sin embargo la causa del problema sigue siendo y no es otra que el conflicto entre las clases sociales”. El Uruguay ha aprobado recientemente la ley que despenaliza el aborto hasta la décimo segunda semana del embarazo, así como también el matrimonio entre homosexuales. Sin embargo, el Presidente comenta sencillamente que la homosexualidad “es un fenómeno tan viejo como la humanidad. Lo ideal es que cada uno vivía como quiera”.

Vernazza, asesor de Mujica, comentó que en los cuarenta años de su carrera nunca antes había conocido a una persona tan flexible y de tan amplia capacidad de adaptación. Mujica lo había contratado para que normalizara la situación y que las empresas no amenazaran con abandonar el país en caso de que ganara las elecciones. Fue Vernazza quien asesoró al Presidente en el cuidado de su apariencia y lo convenció a peinarse y a usar camisa. De este modo, aunque sin llegar a un total acuerdo con sus ideas y sus costumbres, Mujica adoptó una imagen que le aseguró el cargo de Presidente.

En el futuro, el ex Presidente sueña con crear una escuela agraria para jóvenes, ya que “de joven luché por mejorar el mundo y no tuve hijos”. Reservamos para el final la frase que pronunció el hijo del juez aquel, en cuya casa habían irrumpido los tupamaros (incluso en las elecciones presidenciales votó al intruso de aquel entonces): “Quizás debería haber alimentado alguna amargura respecto a él. Sin embargo, es el único maestro que enseña a cumplir la ley”. No se trata de poca cosa, si se tiene en cuenta la terrible dificultad para encontrar un caso similar en Grecia. En cuanto a aquellos que habiendo llegado hasta este punto del texto, se apresuran a encontrar similitudes entre Mujica y recientes falsos héroes –menores y mayores de edad- en Grecia, les aseguramos que no han comprendido este texto en lo más mínimo.

* Según título del documental de Emir Kusturika sobre la vida de José Mujica “El último héroe de la política” (“The last hero of politics”).

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Adriana Lissidini

Con el motivo de nuestra ocupación con el caso del ex-Presidente José Mujica, comunicamos con la embajadora de la República Oriental del Uruguay en Atenas, señora Adriana Lissidini, quien tuvo la gentileza de contestar nuestras preguntas.

E.S.: Después de dos años en Grecia, ¿en qué características cree usted que coinciden y en cuáles se distinguen los uruguayos de los griegos? Me refiero a elementos de su carácter como pueblo y de su cultura.

A.L.: Como afirmación general diría que existe una afinidad espiritual entre los pueblos griego y uruguayo, una similar forma de pensar y sentir que hace que se puedan entender con facilidad, más allá de los diferentes idiomas. El papel de la familia es central en ambos países. Culturalmente los uruguayos nos hemos formado admirando la Grecia clásica y entre otros aspectos quisiera destacar que somos grandes entusiastas del teatro. La principal diferencia entre ambos pueblos radica en el papel de la religión, que es inseparable del ser griego, mientras que en Uruguay, el laicismo es una característica dominante.

E.S.: En este momento Grecia pasa por una de las crisis más pesadas de su historia y gran parte de los griegos es pesimista. ¿Cuál es la situación contemporánea del Uruguay?

A.L.: Uruguay ha estado creciendo en forma ininterrumpida desde el año 2003, en la década 2003-2013 creció un promedio de 5,2%. Ello se debió a los buenos precios de sus más importantes productos de exportación (carne, granos, madera, celulosa), al desarrollo de otros sectores estratégicos como el turismo, la tecnología de la información, las finanzas, logística y transporte, construcción, entre otros; por una importante inversión extranjera así como por el aumento de la demanda interna.

E.S.: ¿Conoce usted al Presidente Mujica? En caso que sí, ¿cuál es su impresión de él? A.L.: No lo he tratado personalmente. Mi impresión es la de la mayoría de la población: se trata de una persona inteligente, honesta, que vive como predica y por sobre todas las cosas que ha trabajado en pro del arte de convivir.

E.S.: ¿Qué le pareció Mujica durante su mandato como Presidente? ¿Cree usted que el pueblo del Uruguay se quedó contento con él?

A.L.: Mujica terminó su mandato con un porcentaje altísimo de aprobación de su gestión: 68 %, creo que ello responde a su pregunta sin necesidad de ningún agregado.

E.S.: En nuestro texto intentamos dar una respuesta a la pregunta que resulta de las dos opiniones opuestas sobre el Presidente Mujica, es decir, si se trata de un revolucionario desistido o de un conservador de ropa revolucionaria. ¿Cuál es su opinión?

A.L.: Yo lo describiría como una persona que supo mantener sus sueños de juventud al tiempo de adaptarlos a la realidad posible. La preocupación por los más necesitados ha continuado siendo el principal motor de su vida. Quisiera recordar que dona el 90% de su sueldo a distintos proyectos, entre ellos un plan de viviendas para personas humildes. Si ser revolucionario es atreverse a examinar vías diferentes para la solución de problemas, su decisión de legalizar la producción, venta y consumo de marihuana es una medida revolucionaria, siendo el Uruguay el primer país en el mundo en atreverse a probar este nuevo camino.

E.S.: ¿En qué se diferencia su mandato en Grecia de sus funciones en otros países del mundo? ¿Qué aspira usted a conseguir en el tiempo que le queda en Grecia?

A.L.: Hasta ahora todos mis mandatos han sido diferentes entre sí, mi primera sede fue la Misión del Uruguay ante las Naciones Unidas, es decir un puesto multilateral. Mi segundo destino diplomático fue en la Embajada en Roma, que me dio mi primera experiencia consular y el tercero fue Cónsul General en Nueva York en el que el énfasis estaba en la atención a la comunidad compatriota.

En Grecia entonces, tuve la oportunidad por primera vez de ejercer como Embajadora de mi país. Esto me ha dado una responsabilidad mucho mayor a la que tuve antes, al mismo tiempo me ha brindado la oportunidad de tratar directamente con autoridades del país en nombre del Uruguay. Llegué a Grecia en un período muy particular, agosto de 2012, poco después de la asunción de gobierno de Samarás, por lo que he vivido intensamente una situación inédita en la zona euro, que al margen del drama social que encierra, es un punto de inflexión sin precedentes en la historia europea.

En el tiempo que me queda en Grecia, una de mis aspiraciones es contribuir al conocimiento por parte del pueblo griego de aspectos culturales de mi país. Por ello, la Embajada está apoyando este año la publicación y traducción al griego de la obra de nuestra poetisa Idea Vilariño; de la edición de un número especial sobre literatura uruguaya por parte de una revista literaria griega, así como la puesta en escena en Atenas de una obra de teatro sobre la vida de Sócrates, basada en un texto de un escritor uruguayo.

E.S.: Por favor, un mensaje para los lectores de la revista Neo Planodion, es decir para los ciudadanos griegos.

A.L.: A los ciudadanos griegos les digo que aunque muy lejanos geográficamente, los uruguayos nos sentimos muy cerca, no sólo por los motivos afectivos y culturales que expresé anteriormente, sino porque Uruguay ha sufrido durísimas crisis económicas que lo han puesto al borde del abismo en más de una oportunidad. Sin embargo, hemos logrado salir de las mismas con una confianza renovada en nosotros mismos. Como uruguaya deseo todo lo mejor a un pueblo que tanto ha dado al mundo.

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